VERANO Y REVOLUCIÓN
Se acerca el verano, los días se alargan. Miradas que juzgan, anuncios publicitarios de mujeres blancas, delgadas y con cuerpos normativos, inseguridades, miedos. Anuncios en las redes sociales de láser, tratamientos estéticos y dietas restrictivas y diabólicas para perder peso. Sol, calor, playa, tela extendida, auriculares, crema solar, cuerpos, piel, estrías, topless, ubres caídas, bañadores, bikinis, tangas, risas, llantos, criaturas, sombrillas, helados. Ruidos y silencios. Y mi cuerpo, siente. Hago topless, como acto revolucionario, desde hace años. Para permitir que el cuerpo sea. Que las ubres, que cayeron por la pérdida de peso existan, caigan y sean, que les dé el sol. Que el viento toque mi barriga, la que un día iba tapada con traje de baño. Que mi cuerpo se llene de arena, de agua salada y de rayos de sol. Que el agua llegue a cada rincón del cuerpo, recordándome que estoy viva, viviendo el placer que para mí supone estar en el mar. Recuerdo una vez que mi expareja me dijo que hacía topless para que la gente me mirara. ¡Qué lejos de la realidad! Hacer topless, llevar la ropa que me dé la gana, existir y ocupar el espacio es un acto revolucionario. Se detiene el tiempo en los momentos sencillos. Aparece la calma. La música sonando por los auriculares, el viento acariciando la piel, el sol calentando mi cuerpo y mis manos jugando con la arena. Habitarme, desde la calma de poder estar en paz con mi cuerpo, ¡qué revolución! Ahora, mi cuerpo es mío, y me pertenece a mí, a todas las versiones que soy. Y todas abrazan mis tetas caídas, mis estrías, mi culo, mi barriga. Todo lo que un día odiaba, ahora admiro. Merecemos ser quienes somos, con nuestros cuerpos, tal y como son. Merecemos disfrutar a nuestro modo ya nuestro ritmo. Vivir, cuidar y mostrar nuestro cuerpo, creando, desde lo colectivo, un espacio tierno y amable para habitar.
Noa Boza.
