23 octubre, 2026

EL CUERPO Y LOS SENTIMIENTOS

Escribo esto un día donde la rabia late fuerte en mi cuerpo. El mundo me duele. Desahucios, asesinatos, violaciones a mujeres, hombres recibiendo el mensaje “free p*ssy”, manosfera repugnante. Hoy pongo especial conciencia en mi cuerpo, porque grita y llora. Mi cuerpo, un cuerpo de mujer, que siento ajeno muchas veces. Y que he mirado tantos años en el espejo sin reconocerlo como propio. Un cuerpo que existe, que grita, que llora, que anda, que se mueve, que baila, que salta, un cuerpo que respira y es, en un contexto histórico, social, político. Un cuerpo al que la sociedad juzga y dice cómo debe ser: más delgado, definido pero femenino, sin pelos, sin arrugas, con labios carnosos, cejas bien depiladas, sin bigote, maquillada pero natural, con pechos redondos y firmes, con culo formado y musculado, con moño natural, pero con extensiones y cuidado, mucho. Un pacto social, donde se instrumentaliza a las mujeres, sus cuerpos, voluntad, autonomía y capacidades. Y es que un TCA va más allá de una corporalidad, va más allá de estar delgada. Lleva asociado una disociación corporal brutal, del yo, de la propia existencia. Debe sentirse ajena en tu propio cuerpo, en tu continente per se, en el entorno. Va de hacerse pequeña, de intentar encajar en unos moldes sociales, de recortarse para entrar en los moldes. De pasar por alto tus necesidades, tu bienestar. Va de silenciarte, de no sentir, de esconder lo que eres porque ser como eres no es suficiente en la sociedad, en ese momento y contexto. Hoy siento rabia. Y siento la necesidad corporal de gritar, de cabrearme con el mundo. Y sé que las versiones que habitan en mí están orgullosas del oír. Y sentir ahora me da cierta paz. Pero pienso en todas las mujeres y disidencias que no sienten paz. Que la sociedad silencia, juzga, oprime, mata.

Noa Boza Jimenez