CUANDO EL RUIDO SE APAGA UN POCO
Hay días en los que la mente grita. Opina sobre el cuerpo, sobre la comida, sobre lo que “debería ser”. Días en los que ese ruido interno ocupa tanto espacio que parece no dejar sitio para nada más.
Pero también hay pequeños momentos —a veces muy breves— en los que ese ruido se apaga un poco.
Quizá es una risa inesperada, una conversación sincera, una canción que calma, o simplemente el hecho de descansar sin culpa. Esos momentos no significan que todo esté bien, ni que el camino esté terminado. Significan algo mucho más real: que dentro de cada persona hay más que un trastorno, más que una lucha, más que un diagnóstico.
Para quien convive con un TCA: no tienes que hacerlo perfecto para que tu proceso sea válido. No tienes que “mejorar rápido” para merecer apoyo. Incluso en los días en los que parece que retrocedes, sigues avanzando de formas que no siempre se ven.
Para las familias: acompañar no es tener todas las respuestas. A veces es simplemente quedarse, escuchar sin corregir, sostener sin empujar. El amor constante, aunque no siempre se note, deja huella.
Sanar no es olvidar lo vivido, es aprender a vivir con más amabilidad hacia uno mismo. Paso a paso. Día a día. Con paciencia. Con humanidad.
Si hoy el ruido sigue ahí, que este texto sea al menos un pequeño recordatorio: no estás sola, no estás rota, no estás fallando. Estás haciendo lo que puedes, y eso ya es mucho.
Victoria.
