«HOY NO VUELVO A LO QUE FUI: VUELVO A QUIEN SOY»
Estoy frente a la puerta de embarque,
llena de emociones que laten al unísono:
miedo, incertidumbre, expectativas, enojos, nostalgias.
Todo vive en este cuerpo.
En este cuerpo que durante tanto tiempo estuvo atado
a una voz que susurraba
una perfección imposible de alcanzar.
Hoy vuelvo a tomar con mis manos.
Vuelvo al origen,
al lugar donde todo comenzó.
No es fácil correr el velo.
Es un desafío.
Porque regreso siendo Katy otra vez.
Las etiquetas estarán,
las miradas también.
Tal vez siempre.
Pero algo cambió:
ya no se trata de evitarlas,
sino de desafiarme frente a lo incómodo,
de poner límites,
de actuar desde mi esencia,
no desde una máscara sostenida por la enfermedad.
A veces vuelve,
a veces invade.
Pero mis células —todas—
están a favor de la vida.
De disfrutar.
De mi familia,
de mi gente,
de mis amigos,
de mi Neuquén.
Ese Neuquén
que no fue solo origen de dolor,
sino también de risas,
de amor,
de juegos,
de inocencia.
Y allá voy.
Allá voy a visitarla,
pero desde la esencia de Katy.
Porque las etiquetas pueden existir toda la vida,
pero también puedo elegir
dejárselas a quienes necesitan sostenerlas.
Y volver a ser.
“No regreso a la herida: regreso a mí.”
Katia
