10 julio, 2026

HABITARME

Habitarme es un viaje. Muchos años ha sido infierno, otros desierto, otros calma. Trabajo para habitarme con ternura. Aceptar lo que soy y entender la maravilla que es ser yo. Lejos de ser pedante. He habitado desde pequeña en sentirme insuficiente, en sentir que no había espacio para mí en el mundo. Que ser quien era no era suficiente y que no había amor para mí. Qué carga y qué mensaje tan potente aprendí de pequeña. Una voz que he interiorizado inconscientemente y que me ha acompañado y me acompaña en este viaje. Entendí que si ser yo no era suficiente era necesario ser diferente, encajar, a cualquier coste. Me odiaba, odiaba mi cuerpo, mi barriga, mis tetas, los dientes, la imagen del espejo. Me odiaba por no encajar. Ahora lloro y proceso lo que me tocó vivir. Ahora sé que hay espacio en el mundo para mí, que puedo habitar el mundo y puedo ser quien soy, que el odio no tenía nada que ver conmigo. Que yo era una persona más en este mundo intentando vivir y que el entorno en el que me desarrollé no era amable con la variedad de vidas. Ahora, el espacio que ocupo y construyo tiene mucho amor. Tengo un entorno precioso que me ama y sostiene. Mis amigas y mi familia, que son raíces y alas. La forma en que me quieren ha sido clave para aprender a quererme. Ahora siento que por el simple hecho de existir meresco ser amada, sin demostrar ni intentar encajar con moldes que me oprimen. Me habito, acompañada y con ternura. Y me acompaño. Acompaño a la Noa pequeña y su voz, la escucho y la abrazo fuerte. Porque Noa que aprendió que no tenía un espacio en el mundo, Noa que se miraba en el espejo y se odiaba, Noa que estuvo dos años sin comer pan, aquella Noa fui yo, y cada versión habita en mí. Juntas habitamos el espacio y existimos, con ternura. Habitamos la calma de ser como somos, con nuestro cuerpo tal y como es, con los cambios, escuchándole y dándole todo lo que tanto le gusta: el pan, los helados, las croquetas, la tortilla de patata con cebolla de mi madre. Ahora disfrutamos y estamos presentes, y agradecemos el regalo que es vivirnos.

Noa Boza