14 septiembre, 2026

PUEDES DESVINCULARTE DE LA LUCHA SI LO NECESITAS

Siempre he pensado que lo peor de las enfermedades mentales es la explicación que debes añadir al diagnóstico. En el caso de los TCA, existe una gran cantidad de falsas creencias que aún dificultan más poder expresar, sin miedo, qué te está pasando.

Porque cada vez que decía la palabra anorexia debía decir dos preguntas más tarde que no era una elección propia. Porque cada vez que la gente me miraba veía la pérdida de peso, y se tomaban la confianza de opinar sobre mi cuerpo pero no les preocupaba la batalla interna que era lo que realmente me estaba apagando. La gente no es consciente de lo agotador que puede ser tener que justificar tu sufrimiento, y más en una enfermedad donde ni siquiera tú quieres aceptar su existencia.

Creo que es justamente por esta impotencia ser tan incomprendido que, cuando aceptas que si que existe esta enfermedad dentro de ti y los profesionales adecuados te convencen de que definitivamente no se culpa tuya, nace dentro de ti la responsabilidad de defender la realidad de los TCA.

De dar voz a lo que has tenido que guardar durante tanto tiempo por miedo a la respuesta de la gente en tu máximo punto de vulnerabilidad. Te conviertes en la defensora de tu lucha, como si no tuvieras suficiente en luchar que también debes defender el porqué lo haces. Defender que no lo escoges, defender que el cuerpo no marca el punto en el que te encuentras de recuperación, defender que puedes curarte pero sin olvidarte de defender que es grave y que la gente se muere de TCA.

Pero a mí esta rabia contra la incomprensión de las personas me ayudó a hacerme más fuerte, me obligó a tener claro en mí la realidad de los TCA. Cómo funcionaba mi cerebro, el porqué de los síntomas, la relación entre el estado físico y el mental, porque se podía originar. Me informé escuchando a los profesionales que me atendían y leí mucho. Pero sobre todo me creí lo que sentía, lo que estaba experimentando. Hice válido mi sufrimiento y me tomé el lujo de, por una vez durante todo el período de enfermedad, vivir el papel de enferma y no de culpable. Todo este proceso requirió años, romper muchos esquemas y liberarme de muchas creencias arraigadas muy dentro de mí.

Pero ahora me encuentro en un punto en el que incluso me genera una ambivalencia de sentimientos el papel de ser la defensora de los TCA. ¿Tengo realmente la obligación? ¿Puedo estar en una conversación donde se habla de TCA con aquellas ideas que tanto daño me hicieron mientras lo sufría y se calló y no decir nada?

Me sale saltar, llamar a los 4 vientos que se equivocan, defender el sufrimiento de tantas personas que lo están pasando y lo han pasado. Pero esto implica tener que decir que yo tuve un TCA cuando no siempre quiero que las personas que tengo enfrente lo sepan. No es porque me avergüence, o porque me dé miedo su reacción es simplemente porque no quiero sentirme obligada a decirlo. Creo que también merezco no tener la obligación de exponerme.

Seguro que hay una manera de seguir defendiendo la realidad de los TCA sin tener que explicar tu experiencia. Pero vivimos en una sociedad en la que, desgraciadamente, la vivencia real de las enfermedades mentales lo tienen las personas que las han sufrido o las padecen y los profesionales que pasan años formándose para poder entender su complejidad.

Así que parece que sólo tiene validez lo que dices cuando, para contradecir la opinión de la sociedad, lo justificas con tu vivencia. Y esto es injusto, porque la ignorancia de muchos hace que sufras mientras estás enferma y te obliga a exponer tu pasado cuando ya estás recuperada.

La pregunta de todo esto es: ¿qué deberíamos hacer para solucionarlo? Creo que la respuesta se encuentra al no opinar sobre lo que no conoces, no poner en duda el sufrimiento de las personas y no sentenciar a las personas con frases como “los TCA son de por vida”.

Infórmate, pregunta a quién ves predispuesto a contar, pero ten presente que no tienes ni idea de lo que han podido pasar las personas que tienes a tu lado. Es lícito equivocarse cuando desconoces una patología pero no juzgues nunca el sufrimiento de las personas. Los TCA ocasionan muchas cicatrices por culpa de ese desconocimiento y creo que por este motivo podemos pedir más cuidado, más empatía y más sensibilidad, a cambio de todo el daño que la sociedad nos ha hecho en nuestro proceso de lucha.

No tenemos la obligación de convertir nuestra historia en una prueba de nuestro conocimiento.

No tenemos la obligación de contar nuestro pasado para validar lo que sabemos.

Y tampoco tenemos la obligación de seguir luchando siempre.

A veces también podemos desvincularnos de la lucha.

Y esto no hace menos válida nuestra experiencia ni nos convierte en menos comprometidas con los TCA.

Simplemente quiere decir que, después de haber luchado tanto, también tenemos derecho a protegernos y poder es la sociedad a la que ahora le toca actuar.

 

Núria Vilademunt