RECONECTAR CON TU CUERPO
Durante mucho tiempo aprendimos a mirar nuestro cuerpo desde fuera, a evaluarlo, compararlo y tratarlo como un objeto que debía cambiar para ser “suficiente”. Pero tu cuerpo no es una meta ni un proyecto por terminar: es tu historia, tu refugio y tu manera de estar en el mundo.
Reconciliarte con él no significa amarlo todos los días, sino escucharlo, entender sus señales y agradecerle todo aquello que te permite hacer.
La relación con tu cuerpo no se sana con control, sino con presencia. Con el permiso de descansar, de comer sin culpa, de moverte por placer y no por castigo.
Cuando empiezas a habitar tu cuerpo desde el respeto, también empiezas a habitar la vida de otra manera: más libre, más tuya, más en paz.
Victoria
