10 septiembre, 2025

VOLVER A DISFRUTAR DE LAS VACACIONES COMO ANTES

Ayer volví a casa tras una semana de vacaciones. Una semana en la que he roto con mi rutina, con mis horarios. He comido comidas que no suelo comer en mi día a día. Comidas que antes no hubiera podido comer por miedo a engordar. He disfrutado de cada bocado sin contar calorías. He comido sin hambre física, pero disfrutando de esos nuevos platos alrededor de una mesa con gente maravillosa. Y no me he sentido mal por ello.

Ha habido días en los que me he movido más, días en los que menos, y otros simplemente me los he pasado viajando, sentada en el asiento de un autobús. A pesar de ello, mi cabeza no ha empezado a maquinar estrategias de compensación como antes solía hacer. Ha estado callada, tranquila, disfrutando del momento.

Para una persona que no ha vivido un TCA, esto le puede parecer normal. Pero para las personas que hemos pasado por uno, sabemos que estos momentos en los que no tenemos el control absoluto pueden ser una gran pesadilla, haciendo que algo tan deseado como son unas vacaciones se conviertan en la peor experiencia de nuestras vidas.

Recuerdo que cuando estaba sumida en la enfermedad era incapaz de disfrutar de unas vacaciones, por mucho que las desease. En cuanto comenzaban, mi cabeza ya estaba ideando un plan para calcular todo. Horarios, comidas, movimiento… y como algo no saliese como estaba previsto, la culpabilidad y el miedo me inundaban. Al final, terminaba sin disfrutar de esos días, ya que mi mente solo pensaba en volver a casa para retomar mi rutina y compensar todo lo de esos días.

Por eso, el final de las vacaciones siempre es un momento de reflexión y retrospección para mí. Quizás, otras personas, recuerdan en estos momentos lo bien que se lo han pasado, miran fotos, rememoran instantes bonitos vividos estos meses y esperan con ganas el siguiente viaje para vivir nuevas experiencias.

Yo también, pero a parte de eso, no puedo evitar recordar lo diferente que son mis vacaciones ahora de cómo eran hace años. Y dedico siempre un momento a abrazar a la niña que fui, dándole las gracias por haber seguido luchando y no haberse rendido. Porque gracias a eso, puedo disfrutar de unas vacaciones fuera de la rutina del día a día sin miedo, sin remordimiento, simplemente viviendo el momento al máximo.

Así que para todas esas personas que se preguntan si se puede salir de un trastorno de la conducta alimentaria y volver a disfrutar de la vida, mi respuestas es la siguiente: si, se puede.

Leire Martín Curto.