29 septiembre, 2025

UNA RECAÍDA NO ES HUNDIRSE: ES TOCAR LA ORILLA Y ELEGIR SALIR

Muchas veces creemos que una recaída significa volver al punto de partida. Pero no es así: una recaída es un reinicio, una nueva oportunidad para reconfigurar lo aprendido y seguir creciendo.

Hace poco pasé por una recaída y descubrí algo esencial: no hay vergüenza en pedir ayuda de nuevo. Hablarlo y compartirlo me liberó. Y entendí que la recaída no es fracaso, sino parte de la vida, un recordatorio de que debemos volver a pulir el espejo de nuestra existencia, para ver de nuevo lo valioso de lo cotidiano.

Sin embargo, en esos momentos aparece un temor muy profundo: sentir que hemos defraudado a nuestra familia, a esos seres cercanos que nos acompañaron en el camino. Pensamos que fue en vano su apoyo, su esfuerzo, incluso lo invertido. Pero la verdad es que no los defraudamos.

La recaída no es sumergirse otra vez en la enfermedad, es apenas rozar la orilla del mar y decir: “ya no quiero volver a esto”. La confianza de los nuestros no se pierde, se reafirma con nuestras acciones, con la decisión de seguir adelante.

Después de salir de un pozo, las caídas ya no son tumbas: son baches. Y los baches se atraviesan. Así es la vida: tropezar, levantarse, aprender, y continuar sin miedo ni vergüenza.

No temer a las recaídas, abrazarlas, aceptarlas y a ir por ellas qué nos dejan mucha enseñanza y crecimiento

Cada recaída puede ser el impulso para crecer más fuerte, más consciente y más libre.

Katia