14 noviembre, 2025

¡SIN MIEDO!

Hoy voy a escribir más una reflexión que alguna vivencia o experiencia como tal del trastorno alimenticio que tuve. Yo he tenido la suerte de poder superarlo y por ello, siempre intento plantear mis escritos en positivo. Cada experiencia que he vivido, incluso durante el peor de los momentos, me lo he tomado en el tiempo como un aprendizaje.

Debido a mi trabajo viajo muchísimo y a sitios no tan habituales; hace un par de semanas estuve en la zona noroeste de China, en el distrito de Urumqi, en las montañas cerca de la ciudad de Yining. Esta zona está a tan solo 70kms de Kazajistán y habitan desde hace cientos de años los nómadas kazajos, un pueblo de tradición pastoril y que, hoy en día, siguen viviendo en Yurtas (cabañas circulares y que se pueden desmontar), utilizan hornos de barro que fabrican cuando se asientan en un lugar y el caballo es su medio de transporte.

En esta zona, a dos mil metros sobre el nivel del mar, estábamos rodeados de bosques que tienen más de cinco mil años, de pinos que parecían más bien cipreses y dónde aprendimos a ordeñar vacas, esquilar ovejas o cocinar en los hornos de barro comida típica kazaja. En un momento dado, en medio de todo este escenario único, rodeada de clientes, me vino a la cabeza algo que, en su momento, cuando estaba en lo más profundo de la enfermedad me dio mucho, mucho miedo; “y si nunca puedo volver a tener una vida normal”, o “¿Y si nunca puedo disfrutar de los momentos especiales o únicos?” porque estaba ahí, en medio de ese paraje único, al que probablemente nunca más volveré, rodeada de montañas, rodeada de nómadas Kazajos, viviendo de manera presente la experiencia y entonces recordé esos miedos y con una alegría inmensa pensé, ¡que te den!

María Briones