VALIÓ LA PENA VOLVER A VIVIR
Durante el momento más crítico de la anorexia llegó un momento en el que dejé de tenerle miedo a la muerte. Recuerdo que un día estaba frente al espejo y ya no veía vida ni en mi mirada ni en mi cuerpo.
No es que estuviera triste, sino que directamente había perdido toda la capacidad de sentir porque era mi mecanismo de defensa para seguir haciendo caso a lo que me decían las voces del monstruo.
Le acabé dando un golpe en el espejo, y sé que no me hubiera importado romperlo, porque yo ya me sentía aún más rota por dentro. Al fin y al cabo, no habría habido diferencia alguna entre sus pedazos rotos y los de mi alma.
Fue en esa misma época cuando apareció una pasión que acabaría marcando profundamente mi vida. Desde entonces, el mes de mayo es muy especial para mí. Por mucha gente es sólo un mes más. Para mí, es el mes de Eurovisión. Puede parecer un poco raro, pero en medio de un período en el que yo no era capaz de sentir absolutamente nada, descubrir ese festival fue casi un milagro porque volví a sentir emociones que pensaba que se habían apagado para siempre.
Recuerdo estar delante de la tele y que me empezaran a brillar los ojos porque me imaginaba a mí misma allá, disfrutando como todos los que estaban en el público. No sé cómo explicarlo, pero se despertaron en mí unas ganas brutales de que todo aquello formara parte de mi vida. Y ahora, por fin, ya he podido pisar el festival varias veces y ha sido probablemente el momento en que más agradecida me he sentido de haber decidido volver a vivir. Si no hubiera luchado contra el TCA, quizás nunca hubiera podido ver con mis propios ojos lo que, sin saberlo, había empezado a recordarme que todavía era posible oír.
Y pienso en aquella chica de 14 años totalmente ingrávida que de repente, en medio de un largo período de no sentir absolutamente nada, pudo sentir ilusión por algo y cómo me encantaría decirle que luchar valió la pena porque no sólo ha cumplido su sueño sino que también ha vivido muchísimas experiencias que nunca hubiera vivido si hubiera perdido la batalla.
Un día leí una frase que decía: «el peso de la báscula nunca te hará feliz; recuperarte de un TCA, sí». Y yo añadiría algo más: recuperarte de un TCA también es volver a encontrar lo que te reconecta con las ganas de vivir.
Elisa Gautier
